Para ahorrarse un puñado de euros en expropiaciones a los ahora “héroes vecinos” del barrio de Angrois, a los lumbreras políticos de entonces, no se les ocurrió ninguna idea mejor que escoger el viejo trazado del antiguo y obsoleto tren inaugurado allá por el año de 1952.
Luego con el cambio de color del gobierno central llegó la nefasta y graciosilla ministra de Fomento con Rodríguez Zapatero, la ínclita Magdalena Álvarez que decidió continuar con el mismo trazado anterior. ¿Os acordáis de las palabras de esta señora? “Ese Plan Galicia de mierda”. El embrión y feto de la tragedia seguía incubándose y desarrollándose adecuadamente. La ecografía así lo testimoniaba. Empezó el desdoblamiento del sinuoso y mortal trazado poniendo traviesas y vías a diestro y siniestro. Eso si, sin desviarse ni un ápice y conservando la trasnochada curva de la muerte. Todo por ahorrarse un mísero puñado de euros en expropiaciones a los ahora “héroes vecinos” de Angrois”.
Fueron transcurriendo los años y licitándose, entre muchas protestas, los diversos y controvertidos tramos del AVE a Galiza. Así llegamos al 10 de diciembre de 2011 cuando Pepiño Blanco; ministro de Fomento en funciones en aquel entonces; junto con el presidente de la Xunta, Núñez Feijóo nos venden la gran mentira del AVE gallego inaugurando el tramo Ourense-Santiago-A Coruña. No señores, no, aquello no era un tren de alta velocidad. Era y es en la actualidad un tren de velocidad alta que no es lo mismo que un tren de alta velocidad. El tren en cuestión es un híbrido eléctrico-diesel que combina vía de ancho europeo con trazados de ancho convencional o ibérico. Con razón, algunos gallegos; con mucha sorna y doble sentido; le llamamos el tren bala. Nunca mejor dicho lo de bala. Casi todas terminan matando alguna vez y para ello son construidas.






